Morena, Pasión Andina

lunes, septiembre 29

CARTA A UN SICARIO

Carta a un Sicario
Dedicado a la memoria de Jhonny Cari S.


No estoy acostumbrado a mandar cartas a personas que no conozco, sin embargo, en esta ocasión voy a hacerlo, porque quiero que me leas, quiero que leas todo lo que en este preciso instante estoy escribiendo. Quizá me guío por la bronca que sigue carcomiendo mi hígado; pero me mantendré calmado y trataré de no escribir palabras soeces para que no te sientas acosado por la carta que a continuación te doy, en la distancia, claro.

Hace casi más de una semana, estaba sentado y mi vida pasaba deslizándose entre textos, formatos y revisiones, y claro, también entre rumores de los noticieros que, en su mayoría, nos devoran la imaginación o nos desorientan tanto como buscar una jeringa limpia en la basura de algunos hospitales… ; pero como te decía, pasaba así mi existencia, cuando el destino nos unió a través de una noticia lamentablemente terrible para mí, para mis amigos y para toda nuestra Bolivia: habían muerto muchas personas en Pando los días en los que tú estabas trabajando, y entre esas personas, estaba un muchacho que fue, en su momento, amigo mío.

En realidad Jhonny, así se llamaba, estaba en Pando protestando cuando le disparaste; él era normalista, tenía muchos amigos aquí, y yo era uno de ellos, como leíste líneas arriba. Cuando nos llegó la noticia de su muerte, el lunes 13 de septiembre, no lo creímos porque pensábamos que eso sólo pasaba en países del primer mundo, en donde la gente sólo apretaba el gatillo cuando todo ya no importaba, cuando los pilares de su moral, de su ética, se derrumbaban sobre mares de superficialidad…; pero sucedió en nuestro país…, y todos lo sentimos como un baldazo de agua fría, que al pasar el tiempo, más nos calentaba que nos estremecía.
Nos calentaba por la bronca, bronca que es protesta, bronca que no se descargará con violencia, sino con esta carta y otras manifestaciones que, de seguro, te darán vergüenza ver, escuchar o leer. No obstante, por esta ocasión, desearía que leas todo esto por completo.

Mi celular timbró aquella tarde, anunciándonos por medio de un mensaje de texto que el entierro de Jhonny se realizaría a las dos de la tarde. Yo estaba en la universidad junto con Esperanza, una amiga mía, cuando leímos lo ocurrido. Aunque mi tiempo me impidió estar allí, los que fueron me dijeron, un día después, que lo habían enterrado a las cinco de la tarde, entre sollozos desesperados y preguntas que no podían contestarse.

Esa tarde, pues, recordé a Jhonny.
No éramos muy apegados como hermanos, pero muchas veces compartimos opiniones sobre la situación de la universidad, en la cual pocos ven una realidad cierta, y muchos se ocultan tras chats o fiestas de auxiliares de docencia, o elecciones de centros de estudiantes… Jhonny pasó conmigo momentos de estudio, de pláticas sobre la política de la izquierda y la derecha dentro de la universidad…; y en algunas ocasiones discutimos y diferimos; pero siempre con respeto. Ahora, está muerto, y yo no tengo con quién platicar lo que platicaba con él.

Deseo preguntarte, sin caer en la ofensa, lo siguiente: ¿qué sentiste al apretar el gatillo? Muchos dicen que se tiene que aguantar la respiración, que se debe cerrar un ojo y que se tiene que tensar la muñeca para que el arma no rebote al permitir la explosión de la bala que atravesará la carne y el alma de la víctima…; que se debe pensar en que la bala penetre la carne del que apuntas… ¿sentiste eso?

Algunos creen que el asesinato es emocionante, yo no lo creo así…; en Ruanda mataban a niños a machetazos; en Bosnia, metían a muchos infantes y púberes en cuartos derruidos y los hacían volar mediante granadas, con pretexto de hacer su famosa Limpieza Étnica; en Estados Unidos, por otro lado, los mismos niños utilizaban metralletas en contra de sus compañeros en escuelas estatales… y hay muchos ejemplos más… me pregunto qué sentiste cuando le disparaste, y te compadezco por eso. Yo no quisiera tener entre mis recuerdos ese momento en imágenes…

Jhonny estudió en la Normal Superior “Puerto Rico”, y mientras protestaba ese fatídico día, le disparaste en el pecho, un disparo limpio, un disparo que cegó una vida, un disparo que eliminó la existencia de una persona que tenía amigos, pareja, un hijo, proyectos y sueños…

No sé si te pagaron mucho por el trabajo, o si estás orgulloso de haber eliminado una vida y hacerte responsable por lo ocurrido… yo creo que aquí en La Paz, como en todo el país, estas vidas esparcidas al viento de la eternidad, no lograrán borrar lo que ustedes (porque pienso que tú solo no hiciste todo ese trabajo…) quisieron borrar… que somos un solo país, que merecemos todos respeto, que todos amamos y que, siendo diferentes a algunos de ustedes, tenemos alma, espíritu, corazón, y como amamos, podemos perdonar, ya que quizá tú no puedas comprender nunca eso. Sólo necesito unas líneas más para hacerte comprender que la vida es demasiado corta para pasar odiando a los demás, y que es más fácil destruir que crear; pero que lo creado dura más si es con amor, con respeto y con convicción.

Antes de despedirme, no quiero que me tomes a mal sobre lo que estoy tratando de decir, ya que esta carta no sólo está pensada para que tú la leas, sino que para que se difunda por todas partes, porque quizás no quieras leerla; mas, siempre estará escrita, impresa, para que tus ojos la distingan cada día: acabas de matar a una persona, a una vida, y esto es suficiente para hacerte un paria de nuestra humanidad.

Creo en la vida, creo en nuestra gente, creo que construiremos todos un futuro sin violencia, y por más que te creas valiente por haber matado a una persona, no has hecho nada más que producir dolor, y que el país todo te será indiferente; que vivirás mucho, y envejecerás, para ver el cambio; que, a pesar de tus acciones, lograrás percibir los bonos que el gobierno ahora da y que en el futuro se mejorarán, y que el peso de tus acciones no te eliminarán, sino que te mantendrán vivo, más vivo y lúcido para percibir y escuchar la cosecha del amor, que es el don más profundo y encendido que puede salir de una persona, de un ser humano, sensato, humilde, y completo, como es el boliviano y la boliviana de hoy en día, que confía en el mañana, y que odia al mismo odio, porque el odio no es el antagonista del amor (como decía un escritor brasilero), sino el resultado de su verdadero antagonista: el miedo.

Y tú, sicario sin nombre, tienes miedo.

En realidad, no desearía estar en tus zapatos.

Atentamente,


Daniel Averanga Montiel


P.D.

Tal vez un día nos encontremos, y tenga mi nuca a tu disposición para que me dispares. Yo no tengo ningún miedo, sino poseo la esperanza de los que saben, que el bien triunfará, en forma de respeto hacia un verdadero proceso de cambio.
Hasta ese día, si el destino lo quiere así.

Rosita Pochi

Waliki