Morena, Pasión Andina

martes, febrero 12

EL K´ARI K´ARI

“¡El k´ari k´ari le había karirado y se ha muerto...!” me cuenta una abuelita el pasado domingo. Buscando el lugar de donde partiría la última entrada de cierre del carnaval alteño atravezaba la Plaza Juana Azurduy de Padilla, cuando de pronto encontré el puesto de una abuelita que vendía pequeños cajones de madera. Rápidamente le pregunté ¿cuánto cuesta? “Este es a nueve me mostró uno, pero tengo otros más, vente a este lado te voy a mostrar…” me indicó. Yo pienso que los ancianos ya no tienen que estar trabajando y menos estar manejando cosas pesadas y por eso le pregunté ¿porqué estás vendiendo aquí en el frio? Y empezó a contarme que tenía su nieta de 26 años, la que había fallecido recientemente porque le habían karirado.

Y ¿quién es este personaje? Desde hace muchos años viene la historia del k´ari k´ari que sería un cura que haciendo algún tipo de sortilegio en contra de la víctima le hace dormir para extraerle su grasa. Según refiere el investigador Jedu Sagarraga en el Diccionario de la Cultura Nativa en Bolivia, esta grasa sería para que el cura haga sus velas. Por otra parte, según el “siw siwa” (dice) de las comunidades esta grasa humana sería muy valiosa y la venderían a un precio alto los que la extraen. Cuando alguien muere sin una razón muy clara sea porque en el campo no se puede tener un diagnóstico de un médico o por otras razones generalmente se atribuye el deceso de la persona al k´ari k´ari.

Después de haber sido atacado por un k´ari k´ari la muerte suele suceder rápido y por ello, es aún una creencia que se mantiene en el tiempo. Yo escuché decir que los lugares preferidos del k´ari k´ari son los lugares solitarios y los lugares oscuros. ¡Así que mejor ojo por donde camina!

Rosita Pochi

Waliki